Pintor de sueños - Quimet Sabaté:

Barcelona, 23/04/2011

Paseando por Las Ramblas llegamos a la Plaza de Colón, en uno de sus edificios vemos un cartel: “Homenaje a Dalí – Exposición gratuita”.

- ¿Gratuita en esta zona de Barcelona? – Pensé, pero es uno de mis pintores favoritos… no puedo resistirme.

Mientras subimos por las oscuras escaleras, propias de una céntrica casa antigua, bromeamos sobre lo que podríamos encontrarnos y empujados por las risas llegamos a un piso abarrotado de cuadros. Un hombre muy educado nos presenta al artista, Quimet Sabaté, que se muestra encantado de contestar mis preguntas:

- ¿Por qué este homenaje?

- Mi pintura esta muy influenciada por el surrealismo de Àngel Planells, quién fue maestro de Dalí y me lo presentó.

- No todo el mundo puede decir que conoció a Dalí en vida...

- ¡Ah no! Desde luego. De verdad he pasado incluso momentos de vergüenza ajena con él.

- ¿Por qué era muy esperpéntico?

- Era un gran artista en todos los sentidos y también un gran comediante. Me refería a que una vez fuimos al circo a ver a su amigo el payaso Charlie Rivel, mundialmente famoso y el público estaba más pendiente de nuestro palco que del gran payaso, eso me acongojo.

- ¿Qué hacía para llamar tanto la atención?

- Nada, sus poses naturales… su presencia causaba curiosidad, se escuchaba: “Dalí, Dalí”.

- ¿Cuál fue su primera impresión?

- ¿Este es el gran Dalí? un catalán de lo más corriente y normal, no estaba fingiendo.

- ¿Fingiendo?

- Tenía una doble personalidad. Un día estábamos tomando un café en su casa, vino la criada y le dijo: “Señor Salvador, ahora vienen aquellos clientes daneses que esperábamos…” y él dijo: “Ah sí, vienen a comprar cuadros, perdonad amigos, voy a disfrazarme de Dalí.” Subió a la primera planta, bajo con una chilaba barroca y empezó: “¡guarwagua!” con aquella voz tan rara que ponía, no se le entendía nada. - Dijo mientras reía - Estaba desarrollando el personaje y era un gran interprete ósea que… además estaba muy bien aconsejado por su mujer Gala, fue la que introdujo el marketing en la pintura.

- ¿Cómo empezó todo esto para usted?

- Tras la posguerra mi ilusión era vivir de la pintura, comencé con paisajes, bodegones... Mi hermano gemelo, encargado de la parte comercial, se llevaba los cuadros frescos, con cuatro corchitos en los extremos para poder juntarlos, se vendían como el pan - Sonrió.

- Cansado de la rutina me atrajo la figura, el retrato y desnudo… por aquel entonces pintar una chica joven y bonita sin ropa ¡prohibitivo! Debíamos hacerlo a escondidas; claro que cuando eres chico tiene su encanto.

- Luego nuestro amigo Planells nos pasaba encargos de retratos, ya que él no era especialista en ellos. Mi hermano con la premisa de: “Señoras si no les gusta no tienen porque quedárselo.” pero nunca tuvimos ninguna queja.

- No es fácil vivir de lo que a uno le gusta ¿cómo pudo usted hacerlo?

- Hoy en día los jóvenes lo tienen mucho más difícil, después de la guerra estaba todo por hacer: Los pisos se tenían que decorar, las tiendas de muebles vendían cuadros... toda mi producción estaba vendida, fue un momento acertado completamente. Y luego ya fui evolucionando.

- Pasó de pintar naturaleza muerta a retratos ¿le gustaba más?

- Me sedujo de tal manera… era una dificultad tras otra y había que tratar de superarse continuamente. Los paisajes los hacía durmiendo, no tenían encanto y lo deje definitivamente.

- ¿Cómo surgió mezclar desnudos y retratos con el surrealismo?

- La inspiración venía de los sueños y las fantasías.

- ¿Qué supuso para usted?

- Era el nudismo subido de tono, nos pasamos a la ultima… ahora mis nietecitos me dicen: “Yayo tu eres un viejo verde” y les digo: “Chicos, habéis acertado” (entre risas). Luego les cuento mis experiencias y les digo: “Mira, ¿sabes qué pasa? Dios creó a la mujer y después no ha creado un ser más útil, ni más interesante, ni más bello en el universo”. Por eso yo las pinto tanto.

- O sea que es un homenaje a la belleza femenina.

- “Si el yayo lo dice…” - Dijo mientras reía. - Tendrá que ser verdad. La experiencia es un grado ¿sabes?

- Coincido con usted. ¿La fusión fue progresiva?

- Sin darme cuenta, de hecho el erotismo ya es muy antiguo y a mí me gustaba, cada cual es como es, pero yo veo una señora bien formada y enseguida la veía desnuda, ¡caray! Esto es una joya.

- De hecho el erotismo invita a imaginar.

- Si, al día siguiente, me ponía a hacer mis trazos, tal como yo lo recordaba. He sido en eso beneficiado si, la intuición es una cosa fantástica y en una obra clásica hiperrealista buscaba el punto surrealista.

- ¿Es importante para usted estar satisfecho con su obra?

- Totalmente.

- ¿Ha “pasado por el aro”?

- Alguna vez me he encontrado con algún encargo de esos…

- Si pagaban bien ¿no? - Pregunté sonriendo.

- Ese asunto lo lleva mi hermano, pero… recuerdo que una vez tuve una gran dificultad. Debía hacer un retrato a una mujer mayor impedida, fui a su casa y cuando puse allí los bártulos, para empezar a pintar, de repente la señora ¡cata clan! Se quedo dormida.

- Así seguro que no se movía para posar.

- ¡Ja, ja, ja! no pude hacer nada. Al día siguiente fui preparado, le empecé a dar palique y dijo: “Oiga se le está pasando el tiempo, ¿por qué no empieza?” y le contesté: “No se preocupe señora, hay tiempo, esto lo hago hasta con la mano rota”. Mientras hablábamos iba memorizándola y después ya pudo dormir (se ríe). La pinte luego y verdaderamente quedo un cuadro digno ¿eh?

- Cuando empezó a fusionar ¿sentía que se había abierto una nueva puerta?

- Sí, pero lo bueno es investigar, en pintura no hay que ser conformista. Allí dentro tengo unas obras con una textura que la gente pregunta: “¿Todo esto es pintura?” y yo les digo: “Lo es”. Metemos de todo allí, albas de barnices… es ir probando y sacar efectos nuevos. Por la edad estoy retirado pero, como terapia ocupacional, sigo pintando y voy a morir haciéndolo.

- Mucha gente se acaba cansando de lo que hace.

- Yo continuamente estoy ideando cosas nuevas, es un disfrute, ahí está el quid. Ahora, te aconsejo, el día que no tienes ganas de pintar porque la inspiración no llega, es mejor olvidarse de que eres artista, dormir o hacer cosas distintas y otro día se dirá. Entonces la cosa va bien porque sino pierdes el tiempo, la pintura, los ánimos, todo. Ya es un trabajo, cuando es un trabajo mejor no iniciarlo.

- ¿Cuál es su obra preferida?

- Es imposible decidirse. Mira te diré, cuando vendemos una obra catalogada brindamos con champan, pero después te das cuenta que el dinero se va y pierdes la obra... es como perder un hijo, te sabe tan mal.

- ¿Las que más le gustan están vendidas?

- No, las conserva mi señora y mis hijas también, porque claro no se les puede negar nada…

- Sin saberlo habrá influenciado a mucha gente ¿no?

- - “¡Uuhhh! hay muchas personas que me dicen: "¿No daría clases?" y yo les digo: "¿Cómo voy a dar clases si nadie me ha enseñado?” - (se ríe). Además mi formación no es académica.

- ¿Qué consejo darías sobre la vida?

- Si durante tu vida desarrollas lo que realmente te gusta, serás el hombre más feliz de la tierra, tal como me considero yo.

- ¿Algún miedo confesable?

- No, miedo a la muerte tampoco. El tiempo se me escapa, eso si.

- Pero usted es un chiquillo, aun jugando con sus pinturas…

- Sí señor, eres muy intuitivo, ¡este chico vale! – Dijo riendo. - Lo que más me aterra es perder la cabeza, si se pierde totalmente uno no se entera, pero la repercusiones para las personas que te quieren...

- ¿Qué piensa de tanta gente que pasa por aquí? - Pregunté mientras me asomaba por el balcón.

- Parecen hormiguitas, todos están ocupados en sus quehaceres, pero nos va bien porque decidimos esto, puertas abiertas en homenaje a Dalí.

- Si no, no estaría yo aquí.

- Seguramente. - Dijo sonriendo.

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